Como un suspiro, un día se fue sin explicación

7 mayo 2009

Un día se fue, como vino, sin explicación, aun casi sin asumirlo me senté y me puse a escribir:

Como un suspiro, como un apagón inoportuno, igual que la llama de una vela a la que el viento le arranca la vida, inesperado, así te perdí. Viniste de una forma parecida, un frío domingo de Navidad, esas fiestas incómodas que los que nacemos para estar solos odiamos de manera especial. Ese día me diste la oportunidad de perderme en tus ojos, de probar tus labios, me cerraste todas las heridas de golpe, bendita medicina.

Todas las mañanas tenia el reto de robarte sonrisas, de beberme tus lágrimas, de ser tu red si te caías, tu amante entregado, tu amigo fiel, confidente, payaso, medico, cocinero… tenia el reto de entregarme a ti. Hay tipos como yo que caen en este mundo, con la triste maldición de amar de manera desmesurada, de pensar por dos, o por tres si es preciso, tienen la cruz del exceso, de la entrega incondicional y sincera, suelen obtener a cambio el egoísmo de los demás, y eso duele, en silencio, como si no tuviera importancia, como si viniera en letra grande en el contrato de su existencia, tienes que dar y sufrir. Y te planteas que se acaba, que aunque seas fuerte, a veces te vuelves como el cristal de bohemia finamente tallado, hermosamente frágil, y siempre se cruza alguien en el camino que con una pena, invoca a la maldición…. dame. Y te vuelves a hacer fuerte, y vuelves a ser un maldito, para volver a sufrir… como un circulo vicioso del que nunca se puede salir.

Cada alma que se cruza e invoca la maldición, es un juego de esperanza, a ti te voy a dar, porque se que lo mereces y siento que me vas a corresponder con lo que puedas, y la esperanza se torna negra una vez más, y el corazón abre una nueva llaga. En el contrato no dice cuanto dura el corazón sano, no habla del aguante, y me lo he leído mil veces, buscando cláusulas de escape, no hay ninguna.

Fuiste mi apuesta más fuerte, mi desgaste más voraz, mi entrega más bárbara, y te pierdo en un suspiro.

Otra vez es de día, el sol refleja en las paredes blancas, con luz secular e infinita, no se porqué no avanza el reloj, es muy curioso el tiempo, parece que siempre juega con uno, va a contra pie, vuela y para en un antojo caprichoso y mezquino. Solo tu conseguiste vencerle, tantos besos consiguieron parar el tiempo, doblaste mil noches que parecieron eternas, y ahora tiempo cruel te arranca de mi lado, en un suspiro.

Casi prefería sufrir más, no se si por costumbre, o para encontrar un porqué. Entenderte siempre fue resolver un puzzle con piezas cortadas al azar, un misterio insondable donde lo interesante era no intentarlo, jugar a adivinar, tratar de conseguir algo imposible, ni ese esfuerzo valoraste, me dejas escapar dolido y culpable de nada, vacío, sin fuerzas y sin premio. Vuelta a montar en la noria maldita hasta ver la luz, curando para volver a sangrar.

Supongo que acabaré por aceptarlo, o haré algún largo viaje en busca de exóticos chamanes que me rediman con extraños bailes, no lo sé, probablemente pronto me disipe y me ciegue una nueva luz que concentre todos mis esfuerzos e intereses en fracasar una vez más. Mientras viviré soñando tu sonrisa, deseando tu mirada, recordando momentos en lo que no sentía dolor, porque me entregaba a ti convencido, de que eras la elegida, de que tu cura era eterna, bueno simplemente convencido de que me querías.

El egoísmo suele ir íntimamente ligado, peligrosamente ligado a la más vil de las mentiras. La mentira se apodera del que quiere más, y no se atreve a dar, entonces miente, con una facilidad aterradora, con una convicción diabólica y macabra. Los malditos creemos, descubrimos y perdonamos… ¿por qué? No hay respuesta, si la hubiera existiría una salida, han sacado todas las indicaciones del círculo. Es jocoso condenados sin haber pecado, malditos sin haber cometido crimen, señalados y utilizados habiendo pasado desapercibidos. ¿por qué quiero llorar y no puedo? Es tan frustrante como amar y no ser correspondido, como esos gritos encerrados en el pecho que nunca salen.

Ni siquiera entiendo el hecho de haberme puesto a escribir, hacia muchos meses que ni lo intentaba, bien sabes que muchas veces lo he convertido en un acto cobarde, cuando tenia arranques de talento te los dedicaba, y llorabas sobre lo que te escribía, no te salían las palabras y las cambiabas por besos, era mi manera de robarte un poco de amor, mas del que me dabas, mucho menos del que me merecía, y me sentía mal, ladrón, mezquino. Hoy no se donde guardas aquellas cosas que inventé para ti, no eran más que reflejos o trazos esbozados por mi mente, nada importante… espero que lo conserves, puede que así un día lo leas y recuerdes que pase por tu vida, que fuiste una luz, un cartel de desvío en una carretera de una sola dirección y sin salida, sabes donde encontrarme, girando en la maldita rueda de mi vida, hasta que el corazón aguante.

Te has ido como un suspiro, no estás, te quiero. Yo tampoco lo entiendo.

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