El día que perdimos la inocencia
26 mayo 2009
1991
Me sentí absorbido por una muchacha alta y morena, era hermosa como la luna, alta, deslumbrante por fuera y más por dentro. A día de hoy no recuerdo haber vuelto a recibir convulsión tan rápida frente a una mujer. Durante meses caí en un abismo, en una espiral de deseo voraz por tenerla cerca, me consumía cuando no estaba y crecía hasta el infinito cuando aparecía.
Un día armado de valor, que no se de donde saqué, la invité a salir conmigo y aceptó. Durante 14 días fuí el hombre más feliz del mundo, pero lejos de dejar salir mis instintos, me dediqué a disfrutar de mis sentimientos y de mi profundo respeto hacia ella, como el que admira la mas bella porcelana, pero no la roza por miedo a romperla.
Nunca llegué a besarla, se fue. Es el beso más hermoso, el que nunca le di, el que nunca le daré.
Luego llego otra chica…y otra…y otra, las besé a todas, las quise mucho a todas. Pero no disfruté de la inocencia, del enamoramiento exagerado y voluptuoso, del ansia y el drama, de los sentimientos desbocados, del amor más encendido, con ninguna como con ella.
La candidez y la inocencia se quedaron en sus labios sin probar y el fuego.. en mi corazón. Ese beso es el ancla, el último vínculo con la inocencia que luego perdí.
Ese beso me recuerda que un día fui un niño y me enamoré más que muchos hombres.